15 feb. 2010

Permisos



Prohibido el olvido.
Las tumbas que entierra el tiempo simpre tiemblan cuando la lluvia no da tregua y el cielo se vuelve un museo gris por el que se pierden nuestros sueños. Es allí cuando caemos en un breve lapsus de irrealismo y de inconsciencia, creyendo en que nuestro transbordador supera el espacio y éste y todos los tiempos. Es allí cuando todos los corazones que divagan en soledad y en silencio comprenden el por qué de su desvelo. Entonces, alzan las manos al sol y piden otra vez el mínimo de los consuelos.
Prohibido taparle la luz a nuestros deseos.
Dejemos que brillen hasta en su ausencia; aún cuando ya no creamos en ellos o la poca fe nos vaya envolviendo; sugiero no dejar de creerles ni desconfiar de la libertad que va por nuestras venas prendiéndonos fuego.
Dejemos que nuestros pensamientos hagan chispas. Dejemos que lleguen al cielo, a ese manto interminable por excelencia; en donde también flotan los recuerdos y todos esos tequiero, y todos esos besos que aún no nacieron...
Sólo así, podremos lograr hacer humo el muro y descubrir el verdadero sentido por el que fuimos hechos.
Porque aún hay manos buenas. Tendidas en un rincón del planeta, esperando nuestro reencuentro.
Para correr por las colinas que surcan el sol y volver a nacer aún sin haber muerto.
Prohibido el olvido.

Y bienvenidos los regresos.

Siempre regresaremos al primero de los casilleros, pero habiendo dejado de lado el desconcierto y todo eso que nos va desvaneciendo.

Permitida la revancha.

Porque no se vive dos veces sin morir antes una vez, de amor, al menos.

10 feb. 2010

The Dark Side


Afortunadamente, hay poesía,
hay aire y hay siempre una estrella más
la que nos devuelve la paz
que tanto se desgasta como las viejas vías.
Dichosamente, existen los conciertos,
las sierras y el imponente cielo
donde libre se convierte el vuelo
que nos conducirá al más cálido puerto.
Afortunadamente, hay canción
y aún existen esas melodías
que le devuelven la luz al día
y nos envuelven de emoción.
Para volver a soñar y creer
que aún existe esa persona especial
que conforma una especie extrasideral
a quien miramos y ya no cuesta entender:
que el corazón es la brújula oportuna;
que es él quien escribe esta historia;
que el olvido está lleno de memoria
y que, a lo lejos, aún nos cuida la luna.

9 feb. 2010

Entonces podemos brillar


Todavía para cuando se acuesta el sol, seguiremos compensando las horas de sueño invirtiendo en pensamientos hilados golpeando la orilla de la cama que nace de nuestro desvelo. Aunque aún tengamos horas por delante, seguiremos levantándole la falda a esa luna que indudablemente nunca nos dejaría solos por completo y, por el contrario, sería la mejor compañía cuando más lo necesitemos.
Tantas veces nos toca ser testigos del sol poniéndose a nuestras espaldas, y nos perdemos de contemplar los versos que nos regala el río, el mar y los peces. Consideramos que la fórmula exacta está en el horizonte, en ese punto de llegada que siempre está un poco más allá de nuestros párpados. Sabemos que la poción está en el pequeño descanso que podemos tomarnos con nuestros libros y aquellos cantos, en donde volvemos a recuperarnos del olvido y de nuestros sueños no soñados. Es allí cuando, inevitablemente, nos resurge un torbellino frenético por dentro, precedida por las avalanchas de las ganas locas de volver a sonreírle al cielo y es entonces cuando encontramos las estrellas brillando pese a la oscuridad de la noche y a la penumbra de todos aquellos vanos intentos.
Entonces podemos brillar.
Porque seguimos buscando las pupilas que nos devuelvan la vida, la fe y las ganas de ganarle a la peor de las trincheras, cual aquella en la que el desvelo de un soldado del miedo se queda quieto y perplejo.
Podemos brillar.
Porque volvemos a comenzar sabiendo que no todo está perdido y que aún habiendo jugado en cancha embarrada, siempre toca la puerta esa revancha ineludible antes de terminar el torneo. Y eso es algo que no nos objetamos por una cuestión de respeto. Y cómo no vamos a expresarlo si es algo tan real: nuestros pies siguen andando con el pensamiento esperanzador que nos genera imaginar que nos devuelve la mirada una gaviota sin vuelo, a lo lejos.
Allí es cuando sabremos qué rumbo tomar. Hacia dónde conducir nuestro naufragio y hacia dónde direccionar los cristales para conseguir mejores reflejos. Tan vívidos, tan puros. Tan necesariamente nuestros.
Estamos aprendiendo a vivir sin esperar lo que no llega. Estamos comprendiendo que nuestra vida juega un juego eterno en una cancha con tronquitos y piedras que de a poco despejamos sin saberlo.



Total, estamos vivos: perdidos en las nubes y sonriendo. Con el sol que nos vigila en cada mañana y se relame de gusto al vernos.






7 feb. 2010

Regresos


Para cuando regrese la oscuridad de la noche, voy a volver a vislumbrar las pocas estrellas que aún no se han desvanecido. Las efímeras moléculas de polvo flotarán en el vacío y, junto con el viento, se habrán ido mis ruidos, mis fantasmas y los miedos que a pesar del paso del tiempo, esfumar no consigo.
Para el regreso de la luna ya habrá menos piedras en el camino. Habré podido poner punto final a la procesión de los recuerdos y las ausencias que aún caminan conmigo. Los sueños cancelados y la pérdida de los abrigos. Las mañanas de soles que tanto se alejaron del espectro azulado de los vidrios. Pero sólo al regresar la luna, todas esas penumbras habrán partido. Y es difícil ver la luna cuando se anda con el corazón corroído.
Para cuando el óxido se haya cobrado la mayor parte de todos estos, mis pensamientos fluidos, habré vuelto a nacer y me animaré a creer de nuevo en el destino. El del cielo abierto y el del aire que respiro.
El camino es todo el tiempo. El camino aún no ha concluido. Solo hay fantasmas que se empeñan en opacar nuestros encantos intentando que los nuevos comienzos no tengan sentido. Son fantasmas casi invencibles, pero ante los cuales aún no nos declararemos jamás por vencidos.
Para cuando hayamos recuperado el compás de los latidos, nuestra luz permanecerá intacta abriéndonos paso a nuevas lunas, nuevas noches y nuevos soles, por estrenar; amanecidos. Juntaremos los cristales rotos mal esparcidos y esperaremos a que se haga humo todo aquello que no puede almacenarse en ese cofre invisible al que llaman olvido.
Volveremos de los túneles. Escucharemos el silencio con los cinco sentidos.
Nos daremos cuenta de que el caracol de nuestras vidas avanza aunque ciertas veces no parezca,



porque estamos vivos.

6 feb. 2010

Y todo lo que me queda...




Podré caerme a pedazos pero acá siempre estás vos...