15 feb. 2010

Permisos



Prohibido el olvido.
Las tumbas que entierra el tiempo simpre tiemblan cuando la lluvia no da tregua y el cielo se vuelve un museo gris por el que se pierden nuestros sueños. Es allí cuando caemos en un breve lapsus de irrealismo y de inconsciencia, creyendo en que nuestro transbordador supera el espacio y éste y todos los tiempos. Es allí cuando todos los corazones que divagan en soledad y en silencio comprenden el por qué de su desvelo. Entonces, alzan las manos al sol y piden otra vez el mínimo de los consuelos.
Prohibido taparle la luz a nuestros deseos.
Dejemos que brillen hasta en su ausencia; aún cuando ya no creamos en ellos o la poca fe nos vaya envolviendo; sugiero no dejar de creerles ni desconfiar de la libertad que va por nuestras venas prendiéndonos fuego.
Dejemos que nuestros pensamientos hagan chispas. Dejemos que lleguen al cielo, a ese manto interminable por excelencia; en donde también flotan los recuerdos y todos esos tequiero, y todos esos besos que aún no nacieron...
Sólo así, podremos lograr hacer humo el muro y descubrir el verdadero sentido por el que fuimos hechos.
Porque aún hay manos buenas. Tendidas en un rincón del planeta, esperando nuestro reencuentro.
Para correr por las colinas que surcan el sol y volver a nacer aún sin haber muerto.
Prohibido el olvido.

Y bienvenidos los regresos.

Siempre regresaremos al primero de los casilleros, pero habiendo dejado de lado el desconcierto y todo eso que nos va desvaneciendo.

Permitida la revancha.

Porque no se vive dos veces sin morir antes una vez, de amor, al menos.

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